viernes, 4 de septiembre de 2009

Pisos compartidos.





¿Sabes, amigo? Durante los cinco años de mi carrera universitaria compartí piso entre estudiantes. Fue una experiencia muy nutritiva, nos bastaron un par de meses para aprender que hasta el cepillo de dientes podía ser comestible. De vez en cuando nos reuníamos en el salón para tomar una copa, pero no siempre, no creas: nos organizamos de tal modo que no bebíamos nada los martes por la mañana, dedicados a pasar a limpio algunos apuntes que se habían manchado porque se nos derramaban los sueños tras la ingesta, algo envenenada, del alcohol nocherniego.

Estudié periodismo por culpa de una vocación paralela al estudiante de Teología. Ellos, los teólogos, creían en la vida más allá. Nosotros, los periodistas, no creíamos en la vida más acá. Sí, en aquellos años que llegan a mi memoria iluminados por un flexo polvoriento, nos movía la fe, teníamos una paciencia similar a la de un vegetal y confiábamos en que la fe acercara montañas que, por otra parte, no estábamos dispuestos a escalar.

Ay, disculpa, amigo, que me pierdo por las ramas. El primer año de carrera lo viví en un piso compartido sólo con chicos. Pero supe que esa circunstancia tenía que cambiar cuando, hacia el último trimestre, comenzamos a limpiar el cuarto de baño con los restos de la salsa boloñesa de los espaguetis. Busqué, a partir de entonces, compartir con chicas.

No, no me mires así, no me mal interpretes. Soy cualquier cosa que quieras, pero no un tío machista. Bailo el tango como un porteño engominado sólo por la relación íntima que mantuve con una fregona. Si buscaba la convivencia con mujeres sólo fue por dos motivos: con los chicos no me gustaba el punto al dente que comenzaba a tener mi piel tras una ducha y con ellas, con las chicas, dejaron de ser necesarios aquellos martes sobrios por la mañana…con ellas, con las chicas, jamás se derramaron los sueños y siempre tuve unos apuntes inmaculados.

6 comentarios:

dama dijo...

Que baile usted el tango como un porteño engominado es razón suficiente para que mi visita sea obligada.

Le enlazo, bienvenido a mi salón.

mangeles dijo...

Que bonito Sr. Manteca...es Vd. un soñador.

Un beso

el aguaó dijo...

Soberbio. Magistral. Genial.

Me quedo con dos frases que detonan:
- Pero supe que esa circunstancia tenía que cambiar cuando, hacia el último trimestre, comenzamos a limpiar el cuarto de baño con los restos de la salsa boloñesa de los espaguetis.
- Bailo el tango como un porteño engominado sólo por la relación íntima que mantuve con una fregona.

Es voacé un genio Sr. Manteca.

Ya está usted en mi panel de cántaras.

Un abrazo.

Moe de Triana dijo...

Como compañero de gremio es inevitable que me pase por tu rincón pa hacer una visita, mientras el que llegue a mi tasca que se despache sólo.

Los pisos compartidos tienen tela de guasa, eso no se puede aguantar, cuando yo vivía compartiendo, de tanto llamar al telepisa teníamos allí más cartones que el Bingo Montecarlo...

Un saludasso y bienvenido a la bloguesfera (O como coño se escriba)

Anónimo dijo...

Recorde mi etapa estudiantil... Un placer leerte.
Saludos.

dijo...

Magnífico. Cada vez estoy más convencida de que tu fichaje es estelar.