jueves, 1 de octubre de 2009

Viajar en el tiempo







¿Sabes, amigo? Hace años que tengo claro, como si hubiera hurgado en las vísceras templadas de la Historia con la precisión de un bisturí oxidado, en qué estación bajaría sin remilgos tras un viaje ficcional por las esquinas taimadas del tiempo: aparecería junto a Marilyn en el mejor de sus momentos, justo cuando el metro neoyorquino levantara su falda provocando el vuelo más hermoso del que ha sido capaz una mariposa. Me acercaría a ella intentando conseguir un gesto a medias entre Bogart y Cary Grant, con un pitillo algo atonal o desordenado colgado en la comisura de mis labios y, con la misma seguridad de Joe DiMaggio al batear, le diría: “Hola, Norma Jean, vengo del siglo XXI sólo para invitarte a cenar. El resto de lo que suceda durante la noche, querida rubia, correrá de tu cuenta…

La vieja idea de darnos un paseo por los jardines colgantes y babilónicos del tiempo no es más que una venganza, la ocurrencia infantil que nace con timidez cuando constatamos, con más precaución que descaro, que estamos sometidos al suceso inevitable de lo contrario: es el tiempo, tan cruel que parece humano, quien viaja a través de nosotros, de nuestros interiores cayentes como los versos de un poeta que, hirsuto y malhablado, hubiera perdido la inspiración en una timba ilegal y callejera. Es el tiempo, tan traidor que parece humano, quien pasea en paños menores, haciendo aguas mayores, por nuestro cuerpo que se va apagando como una luciérnaga con depresión, como si tuviéramos dentro la metástasis de una aurora boreal vencida por el blanco y negro.

Pero bueno, amigo, ponte tus alas de ángel asexuado, vuela en el tiempo y hazme algún que otro favor: acércate donde Platón y dile que su empeño en la teoría de las Ideas nos dejó un legado infumable: los malditos e intocables amores platónicos; rinde honores merecidos a Gutenberg y a Cervantes; dime cómo fue el primer movimiento que la mano de Miguel Ángel realizó sobre la Capilla Sixtina; invita a una copa a Marconi, que se la debemos, y luego, si no te importa, busca en el futuro el lugar incierto donde yaciera mi cuerpo. Siéntate a mi lado y cuéntame si sigues enamorado de esa mujer cuya mirada egipcia te hechizó sin conjuros ni trampas. Y sobre todo, amigo, sobre todo no te olvides de dejarme con la compañía de alguna flor. Ya conoces mis gustos: cuatro rosas en vaso corto y sin hielo. Será un placer volver a brindar contigo mientras tú descansas de tanto ajetreo y yo, querido mío, me limito a beber, a escucharte y a descansar en paz.

10 comentarios:

SUSANA dijo...

Ah, Manteca, tenemos mucho en común...

Por supuesto no necesito ¿O si? contarle cuáles son mis disfraces preferidos, cuando la ocasión es una Fiesta en la que podemos darnos gustos venecianos y metamorfosearnos en otro personaje. Tampoco quizás contarle que trastornada por Casablanca, hice confeccionar un traje igualito a Bergman (siiii, el blanco!)y de niña fantaseaba (e imitaba tras el espejo) a Lauren Baccall y hasta en la actualidad, a los amigos más cercanos los torturo con un "Happy Birthday to You" a lo Monroe...

Estoy con Usted, el "tiempo es tan cruel que parece humano" pero podemos desafiarlo. ¿O acaso mientras escribía este post, no estuvo tan cerca de Monroe que llegó a oler el Chanel Nº5???

Cerca, lejos, aquí, allá, antes, ahora...¿Existen?

Volemos estimado Manteca!

Por cierto, llego un poquito tarde...pero llego al Programa!

Besos, besitos y Besotes para su Creador!

mangeles dijo...

Es Vd, mi querido amigo Manteca, el mejor representante del Renacimiento....

¡Cómo no¡¡ Marilym...ella, rubia, bella, sensual, ella, siempre...

Besos, que ya me entrego a sus escritos sin reticencias, Sr. Manteca..


Y otro beso, a compartir , entre sus creadores, D. Tato, y D. Juanma.

Aïcha dijo...

Acaso hay algo más que añadir sobre esa magnifica época?

Er Tato dijo...

Que conste, Mangeles, sobre todo para mérito de Juanma, que yo sólo me limité a presentárselo. Después, se hicieron colegas y Juanma lo engatusó para que escribiera una columna semanal.´

Besos

marisa dijo...

Sr Manteca, que no me entere yo que le da a usted por beber.las mujeres, vale. Sea usted un canalla y un vividor, pero con "V"por favor.Un abrazo y a por la siguiente columna.

Moe de Triana dijo...

Ponme una copita que vengo baldao, y esta mu feo eso de que un camarero beba en su bar...

Un saludaso.

siempreconhistorias dijo...

Allí tendrá sus cuatro rosas, señor manteca, si es que llegamos. De lo contrario déjeme uno puesto a mí, que a su salud me lo bebo.
¡Impresionante,la triste Norma!

Marian dijo...

Cuando esté con Marilyn, señor Manteca, pídale que le cante esta canción... y déjese llevar.

Marian dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marian dijo...

Parece que no he puesto bien el enlace. Me refería a Teach mi tiger