viernes, 9 de octubre de 2009

La Muerte





¿Sabes, amigo? Hay días rumiantes en los que, tras despertar de uno de esos sueños con aluminosis que va rasgando la pasta quebrada que envuelve al alma, intento levantarme de la cama y siento una punzada atávica advirtiéndome de que la muerte me queda más cerca que el cuarto de baño. Son días salteados y poco hechos. Disculpa, creo que lo correcto sería escribir días “sueltos”, pero permíteme la licencia con tal de conseguir la imagen culinaria, mantener el clímax antes de cortarlo en juliana y evitar que tus blogueros bostecen como hipopótamos hambrientos mientras simulan que me escuchan…días salteados y poco hechos, días al dente y algo sangrantes en los que la muerte pasa su guadaña silbante al ras de los muebles, cabe la piel erizada y trémula como un trigal, cortando de un tajo, tan eficaz como poético, el punto que sobre la “i” cae apenas principia la palabra miedo.
Sí, querido mío, siento miedo cuando noto que la muerte me ronda con tanta cercanía que sólo le falta ponerse a cantar “Clavelitos”. ¿Por qué tengo miedo, dices mientras clavas en mis pupilas acorchadas las tuyas de color no azul? ¡Qué solos, por cierto, se quedan los muertos! Tengo dos razones destartaladas. La primera es que me da pánico todo aquello que se mueva dentro del abanico alicatado que va desde un grillo a un odontólogo. La segunda es mi libro de cabecera, mi ratito de lectura antes de dormir: una cajetilla de tabacos cuyo mensaje es enternecedor.
Los síntomas que me obligan a preparar un desayuno con diamantes, cianuro y cereales a la muerte son claros: un aliento colgante, como si me hubieran fumigado el paladar; mareos que centrifugan el salón; un dolor de cabeza como si me estuvieran esculpiendo el cerebro y una taquicardia digna de quien le haya tocado en suerte una entrada de primera fila en un pelotón de fusilamiento.
Sin embargo, transcurre la mañana bajo el ritmo mortecino del único reloj que conservo sólo porque no me hace caso. Veo que la Muerte está tranquila como un animal saciado, que se acomoda la Muerte con confianza, que coge mi mortaja, la plancha y la guarda, perfectamente doblada, con gestos dignos de un histrión. Me mira cara a cara, me sonríe de tal modo que puedo ver las muelas del Juicio Final, se acerca al mueble-bar, coge dos vasos y los llena con lo primero que ve, sabedora la Muerte de que el contenido es algo con alta graduación en alcohol. Me ofrece un brindis por la vida, bebo de un tirón y es entonces, amigo, cuando descubro que no vino la Muerte a llamarme, sino a ofrecerme la salvación. Todo se me pasa, desaparecen los síntomas. La resaca era tan dura que parecía de pedernal. Sí. Pero, una vez más, no se trataba una resaca mortal.

11 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Impresionante texto de fondo para la música del Requiem, señor Manteca.

Por cierto, ayer conocí a su amigo Juanma. Debería elegir usted mejor sus amistades, no tuvo arrestos para decirme en la cara un insulto que profirió por Internet. En fin, a ver si se lo lleva usted por esos mundos tabernarios para que se espabile el chaval.

Siempre suyo, un placer.

Canónigo Alberico dijo...

estooo Juan con su permiso voy a pillarme su enlace para poder leerle con más facilidad, o mejor para encontrar su blog con más facilidad, que leerle siempre es un ejercicio de autoinstrospección nada facil pero reconfortante. Saludos

mangeles dijo...

Mi querido Manteca ¿y tememos a la parca?...Yo si viene, la quiero de frente, mirando a los ojos, y ...como soy atea...espero que me traiga una sorpresita, una respuesta de entendimiento de esta vida nuestra...humana...hermosa...dura...y...siempre sin respuestas.

Un beso dulce de hispanidad.

siempreconhistorias dijo...

Señor Manteca,desde ahora me declaro privadamente amante de sus textos que ya no me permiten resistencia. Esos días rumiantes y la muerte tranquila como animal saciado me han vencido definitivamente.
Un abrazo admirado.
Izaskun

marisa dijo...

Magnífico, me quito el sombrero, me pongo a sus pies...la muerte, con textos así, queda conjurada.

Capitán dijo...

Es usted todo un privilegiado, con la de trabajo que tiene la muerte, y se dedica al pluriempleo sólo para usted.

¿Le pagó en negro o con factura?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Le felicito, señor Manteca, por este texto que oí en la radio. Me impresionó.

SUSANA dijo...

Estimado Juan (de mi adorable Amigo):

Como comprenderá, llegar después del comentario de Capitán, hace difícil la actitud de Requiem, más intentaremos dejar un pensamiento.

La muerte, bueno, ya sabemos. Es femenina y le gusta coquetear. Le sugeriría, conociendo su talento- que usara artes de seducción. A saber, cada vez que sienta su cercanía, cuéntele una historia (siiiiiii, como un Sherezade, masculino por supuesto)Estoy bien segura que marcará más de una y mil veces el record de engañarla!

Claro está, no beba demasiado....o mi amigo se quedará sin personaje!

Y un favor...(por interpósita persona) recuerde a mi guapísimo Juan Manuel que me debe una canción)

Besos y más besos para ambos!

desnuda en otoño dijo...

qurido amigo, cuidado con las resacas que pueden llegar a ser peor que un mal sueño. Me encanta asomarme a sus historias. Un saludo.

desnuda en otoño dijo...

qurido amigo, cuidado con las resacas que pueden llegar a ser peor que un mal sueño. Me encanta asomarme a sus historias. Un saludo.

media luna dijo...

Pues si no es la muerte, es alguien que se le parece mucho. Quizá su prima hermana. Pero el modo en el que le ofrece el primer trago de la mañana, tiene como algo de malintencionada jugada. Algo así, como: bebe, bebe, cariño, yo haré que la sensación de la muerte se vaya y la convertiré en cierta si sigues conmigo. Claro que esto último no se lo dice. En su lugar sonríe, y le aplaude cuando ha vaciado el vaso.
¡Un brindis por "El Manteca"!