viernes, 15 de enero de 2010

Asesinos



¿Sabes, amigo? Llegué a trabajar en Chicago para un periódico cuya tirada apenas alcanzaba a los vecinos de un par de manzanas que rodeaban al edificio donde teníamos la redacción. Allí fui el responsable de la sección de sucesos con la única consigna de adelantar el trabajo a los chicos que escribían las necrológicas, unos becarios que aún tenían demasiadas hormonas en su título universitario, unos niños que redactaban como plañideras desmotivadas.

Supe que, para encontrar mis fuentes, tenía que moverme por los ambientes de la ciudad cuyos límites eran las luces marchitas de la municipalidad. Y así, Juanmita desalentado, conocí el “Flynn”, un tugurio que debía su nombre al gran actor Errol Flynn, a quien Denver, el dueño de aquel garito grasiento, admiraba por razones ajenas a las aventuras que nos hizo vivir el arquero, el pirata, el héroe que murió con las botas puestas. La primera razón era que comía cebolla cruda antes de besar en los labios a Olivia de Havilland. La segunda, la capacidad de Errol para tocar el piano con su miembro en erección. Denver, un tipo ciertamente despreciable, hablaba poco con su clientela selecta, dejaba hacer sin inmiscuirse dado que mejor era, por su bien, dar de lado a cada mesa, hacer oídos sordos a las conversaciones de algún que otro rincón donde era difícil saber quién estaba sentado, donde los pactos y conatos de amistad se cerraban con una palabra a medio terminar, un gruñido que sustituía a una afirmación, una mano sobre un hombro que tiembla, una orden, alguien que no ha pagado y lo va a pagar.

En el “Flynn” se proyectaban las sombras como metáforas, se reunían el hampa de los barrios, asesinos a sueldo que jamás hablaban, escritores valientes, policías comprados, periodistas a la caza mayor y tipos con la cara marcada que fumaban con el pitillo colgante junto a mujeres solas que, en alguna mañana de niebla, habían perdido el brillo de sus miradas, que bebían whisky mientras pensaban en qué momento de sus vidas entraron en aquel club suburbial donde el pasado era un invitado en letargo y que, al final, transcurridos los años, olvidada la familia y supervivientes de mil desengaños, les daba un refugio donde estar, donde desaparecer mientras iban pensando que el amor deja un recuerdo amargo y espeso, una huella de flor caída que no logrará detectar un análisis policial, un desprecio por todo que después, paradojas de los sentimientos, se transformará en compasión por quien llega una noche y se sienta en la banqueta de al lado. También a beber. Beber para olvidar ignorando que el alcohol en soledad aumenta el dolor que no logra mitigar.

En el “Flynn”, la habilidad forense de Jack “El destripador” era poco más que una leyenda europea. Por aquellos años, amigo, Charles Manson recibía su Primera Comunión y ni siquiera era un proyecto el laberinto genético del que nacería “El carnicero de Milwaukee”. No fueron asesinos famosos los hombres del “Flynn”. Sus nombres, a veces, aparecían en mis crónicas. Y ellos, siempre considerados, me invitaban a una copa por la deferencia. Tenían el corazón blindado y más facilidad para apretar un gatillo que para estrechar una mano ofrecida. Aquellos mercenarios tan elegantes como despiadados no fueron famosos, poco a poco se fueron retirando porque les urgía la necesidad de pestañear en paz.

Yo siempre estuve tranquilo a lado de ellos. Tenía la seguridad, Juanmita colega, de que jamás cometerían el error de desperdiciar una bala de su cargador.

13 comentarios:

SUSANA dijo...

Manteca es un romántico perdido!
Y su "Flynn" luce muuuuuy de novela negra!

Gooood Job mi Juan Manuel Querido!
Por cierto, en la puerta del blog un señor, dice llamarse Eliot Ness, pregunta por el whisky y quiere interrogarte...

Uno, dos, tres, cien Besazos!!! Qué alegrón leerte nuevamente!

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Suerte, romántico.

Cita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cita dijo...

Ains, perdón por suprimir el comentario!! que lo he escrito mal jejeje decia, amigo, que por fin conozco a "el manteca" jeje

Me quedaré por aqui!

Una pasada el texto

Besos

Du Guesclin dijo...

Je, para echar en las tragaperras del Flynn y que te toque el premio gordo...

Saludos.

media luna dijo...

Creo que haces una gran pareja con nuestro querido Juanma, sin desmerecerte por supuesto. La descripción que haces del "Flynn", nos permite adentrarnos en la vida de esos personajes, pero sobre todo es ese ojo que pones en las mujeres lo que más me ha atrapado. Esas mujeres que a simple vista parecen no tener pasado y mucho menos futuro. Esas mujeres que comparten su soledad con el whisky.
Y ahora voy a ver si puedo seguir deleitándome con tus inventos y otros inventores.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

El gordo lo lleva en la mano este mantecoso amigo amante de los oriental y del gusto extraperlista. E invertido por horas.

Capitán dijo...

Menuda vida la del Manteca, quién lo hubiese dicho.

mangeles dijo...

Jooo que bonito Chicago en la noche dura y difícil....

Mi querido Sr. Manteca...Vd. ha vivido romanticimo a puñados...

Besos

Máster en Nubes dijo...

Señor Manteca ¿cuántos años tiene Vd, y en qué año o década estuvo en Chicago? Simple curiosidad... malsana. Saludos cordiales, caballero

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

Me quedo con dos frases: "Beber para olvidar ignorando que el alcohol en soledad aumenta el dolor que no logra mitigar" y "los pactos y conatos de amistad se cerraban con una palabra a medio terminar, un gruñido que sustituía a una afirmación"
Me gusta lo que se dice con un gesto, con una mirada, con una pequeña acción. Beber es otro tipo de acción que por desgracia solo pospone lo inevitable, el dolor.

siempreconhistorias dijo...

Mitigar los dololres solitarios es difícil, compañero sabio. Me mató la anécdota de la cebolla. Me lo imagino y río maligna. Yo también la odié a ella tan perfecta.
Gracias por ser, señor romántico.
Beso encebollado.

Máster en Nubes dijo...

Señor Manteca, perdone Vd... ¿contará algún día lo de esa tal Adela a la que hace mención en su perfil?

Perdone si le molesto con la pregunta, si le causa dolor o lo que sea... o no quiere hablar de la tal Adela... Soy mujer y curiosa, y, por supuesto, romántica. Estoy segura que hay algo ahí... interesante. En fin. Que nada, que cuando le venga bien contarlo... pues que lo cuente. Yo lo espero con ganas.