viernes, 6 de noviembre de 2009

Erotismo y sexo



¿Sabes, amigo? A la mujer que me enseñó todas las declinaciones posibles del sexo, terminé regalándole una rosa, rosae cortada de la primera de ellas, del jardín incandescente descubierto en aquella primera declinación iniciática y casi parvularia. Con ella aprendí que el sexo es un recorrido y un olor, un par de caricias dadas con desorden o urgencia, la mirada sumergida de una piel emergente cuya textura es acuática, es mador resbaladizo o deslizante, un encuentro pactado a media luz donde agonizar es un rito y las palabras tienen permitido usar su derecho a mentir. Supe, por sus besos maestros y sus manos abiertas y medidoras, que el sexo es una trastienda, un refugio tras la huida sin deshonor del campo de batalla que es la calle envenenada, el trabajo insomne, la comida basura y la depresión primaveral. Desde entonces, compañero, no he vuelto a la guerra, relajé mis facciones ridículas de héroe empecinado y huyo siempre para ponerme a elegir algo de sexo en mi fondo de armario. Huir, hazme caso, es cosa de amantes.
Aquella mujer que me desveló y me develó tenía diez años más que yo y cuatro lunares ocultos en su alma. Vivía en una buhardilla en la que no importaba el tamaño y de la cual heredé un carácter para siempre encorvado y una facilidad, inusual, para acertar a la primera con las posturas más inverosímiles del Kamasutra. Cada vez que pienso en ella me queman los sueños y la nostalgia, se me desnudan en un santiamén las palabras y me sube el pago mensual del agua.
No sé con cuántas mujeres he mantenido relaciones sexuales. Si me pusiera a recordar supongo que me saldría un número a medias entre las amantes que ha tenido Warren Beatty y las de Paco Martínez Soria. Y no siempre salieron bien o fueron satisfactorias. Algunas, es cierto, quedaron tan perfectas que más bien parecieron relaciones algebraicas. Pero otras, compañero, debo reconocerte que fueron de usar y tirar, para ir olvidando al mismo tiempo que encajaban las piezas. En cualquier caso, me da igual, no me importan los datos numéricos. Ni soy dueño de una humildad tal que pudiera ser considerada como franciscana ni mi vanidad es un valor que cotice al alza en el mercado sucio de la bolsa. Las estadísticas, en el sexo, sirven para poco más que calentar la barra de un bar.
Tampoco soy un tipo maniático. Me da igual hacer el amor a oscuras, entre acertijos o adivinanzas, o con la luz encendida inmortalizando en la retina un gesto desencajado. También me da igual el lugar: a veces fui comparsa asilada en el Hotel Ritz y, en otras ocasiones, estrella invitada en hostales dudosos donde cohabitaban divos empobrecidos junto a comadrejas que salivaban. Prefiero ser la parte que se deja llevar, eso es cierto, pero en todo caso no hago de ello una cuestión de estado, que nunca me gustaron ni los boletines ni los culebrones.
Y poco más puedo decirte sin caer en el desdoro. Nunca hice el amor con un hombre, pero contigo, querido Juanma, estaría dispuesto a hacer una excepción. Aunque he leído que los blogueros la querrían más grave, a mí me pone esa voz que me pones. Y ya sabes, querido mío, que con un par de copas enseguida maúllo como un gato en celo al que sólo le interesa la noche cerrada para salir a cazar.

15 comentarios:

media luna dijo...

Esto sí que es dejarse llevar. Parece un retrato sincero de alguien que se conoce bien y se acepta sin reparos. Alguien ilustrado en el sexo, no sé si tanto en el amor, porque tener sexo con amor es lo más delicioso, pero complica esas otras relaciones puramente sexuales, si es que eso es posible. Yo no sé, porque soy de las que pone el alma en todo. Incluso, ahora que lo pienso, tamibén se puede poner el alma en una noche cualquiera donde sólo se busca sexo. ¿O no? Y no hablemos de agudos o graves que cada cual tiene su voz, y lo importante es saber maullar cuando la noche lo requiere.
Hasta la vista.

mangeles dijo...

¡Se me ha subido la lectura del agua, mi admirado Sr. Manteca¡

¡Y qué geniales esas conversaciones de sexo en el bar....¡Cuantos secretos...cuantos...

Besos...

Pd.: Tenga cuidado con el Juanma,...en cuanto se descuíde...se mete en su vida, y se queda de okupa...

Un día después del sábado dijo...

Muy buen post!!

Er Tato dijo...

Como dijo Woody Allen -o eso creo-, el sexo nunca es sucio salvo que se haga bien, y tú de eso sabes un rato, querido Manteca. Si no, que se lo pregunten a Marlene.

Un abrazo canalla

Anónimo dijo...

Iba a decir que me consideraba alma gemela de este manteca hasta que leí el último párrafo. Yo, contigo, qué quieres que te diga, que entre hermanos queda muy feo. Pero, si quieres, un día quedamos los tres y le quitamos las ideas desviadas al Manteca.
Abrazos de hermano, hermano.

Anónimo dijo...

¡¡ke viene el coco!!

Capitán dijo...

Admitir excepciones esuna mala práxis, después uno se acostumbra y ...

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

El capitán se me ha adelantado en mi comentario; yo, como soldado de tropa, subscfribo sus palabras.
Ah, me apunto a esa otra tropa canalla, con Octavio y el Manteca. Uf.
Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Uf, uf, uf.

Manteca, colorá¡¡¡

Parsimonia dijo...

Qué bonita voz y muy buena lectura tanto el contenido como la botella.
Lo de rosa rosae tiene que ser una metáfora sin duda, porque todo el texto es un collar de magníficas perlas.
Besos.

Máster en Nubes dijo...

Sr.Manteca, lo de entre Beatty y Paco Martinez Soria,las relaciones algebraicas y las estadísticas y más, mucho más, en fin, qué me ha gustado mucho cómo lo cuenta y escribe, así que gracias, se puede volver así trabajar con ánimo.

SUSANA dijo...

Oleeeeee Manteca!!!
(Por lo que leo en los comentarios, hay un antes y un después de esta ¿declaración de principios?)

Está muuuuuy bueno, tabernario e incluso felino (por el maullido) Jajajajajá!

Y confidencia: estoy rodeada de personas que ignoran el porqué de mi risa en estos momentos. Descuide Manteca, soy discreta, no se me ocurriría contarles sobre su vida sexual...faltaba más!

Saludos cordiales para Usted y mil besos para su Autor!!!!

Olga B. dijo...

Me ha gustado la media del Manteca, entre Warren y Paco Martínez Soria: me gustan mucho los dos. Pensamos en el mismo tipo de hombres, no es por asustarte, querido Juanma...-)))))

América dijo...

Tal parece que el poder de seducción de Juanma es irresistible!....

siempreconhistorias dijo...

Y con ella aprendí... Bello post, señor Manteca. Bello y certero como nos tiene acostumbrados. Y esas caricias de los dorsos de las manos. ¿las recuerda?
También a mí me gusta la voz limpia de Juanma para sus textos.
Besos.